¿Cómo gestionamos los sentimientos? A partir de 3 años.

actividades para trabajar las emociones a partir de 3 años

Cada día nos suceden cosas buenas y cosas malas. En casa, en el colegio, en el trabajo, o haciendo la compra, siempre  puede sucedernos  algo que nos haga sonreír o, por el contrario,  algo que haga que pasemos el resto del día disgustados.

Si buscas actividades para niños de otras edades no dudes en visitar el resto de actividades para trabajar las emociones que ofrecemos en Cuentos y Recetas. 


ACTIVIDADES PARA TRABAJAR LAS EMOCIONES. A partir de 3 años.

Los niños, al igual que los adultos, están expuestos a situaciones buenas y malas a lo largo del día, pero para ellos es más difícil entender y expresar los sentimientos que ello les produce. Ciertas conductas, como un mordisco, que les quiten un juguete, que no les dejen jugar en un determinado grupo, etc., pueden convertirse en un berrinche terrible, lo cual es totalmente normal en estas edades.

Con el fin de que nuestros niños aprendan a expresar y a asimilar determinados sentimientos y comiencen a empatizar con sus compañeros, os propongo una serie de actividades que podéis llevar a cabo,  tanto en el aula, como en el  hogar adaptándolas para realizarlas en familia.

En la etapa de  2-3 años de preescolar,  a los niños  les es más fácil identificar imágenes con  su estado de ánimo, por eso se suele usar la carita feliz para indicar cuando el niño ha hecho algo bien o se ha esforzado.

Para facilitar el aprendizaje a los peques,  vamos a trabajar sus sentimientos y estados de ánimo con imágenes.  Utilizaremos cartulinas con caras que reflejen distintos estados de ánimo. Colgaremos tantas cartulinas como sentimientos queramos abordar (Cartulinas tamaño A3 que deberán colocarse a la altura de los niños). En casa podéis utilizar un folio y dibujar todas las caras (con distintas expresiones) en la misma hoja. Recordar que la hoja debe quedar a la altura de los niños. Nosotros lo tenemos en la nevera, pero también se puede colocar en el lugar donde más tiempo paséis jugando con los niños.actividades para trabajar las emociones a partir de 3 años

Las imágenes podrían ser:

–          Cartulina con CARA FELIZ

–          Cartulina con CARA TRISTE

–          Cartulina con una CARA QUE MUESTRE ENFERMEDAD (para indicar el estado físico de nuestros peques)

–          Cartulina con CARA DE MIEDO (así podrán hacerse entender cuando algo les asusta)

–          Imagen con un ROSTRO AMABLE O AMIGABLE (para mostrar la empatía, la amistad y lo bien que nos sienta ser amables con otros y con nosotros mismos).

Podéis colgar todas estas cartulinas al inicio de curso o ir pegándolas a medida que vayáis trabajando los sentimientos en el aula. Estas imágenes nos servirán para observar el estado de ánimo de nuestros pequeños.

Cómo trabajamos los sentimientos en el aula o en casa?

Como ejemplo para esta actividad vamos a trabajar el sentimiento de enfado.

Aula – 3 años preescolar. Sentimiento: Enfado.

El profesor recopilará una serie de imágenes que expresen el sentimiento de enfado de los niños: imagen en la que un niño quita un juguete, un mordisco de un compañero a otro, una pelea, una mamá o papá regañando a su hijo, se rompe su juguete favorito, etc.

Colocaremos todas esas imágenes (en un pequeño mural, por ejemplo) para que vean las caras de enfado e identifiquen las situaciones en las que se ha producido el enfado. A través de la expresión de la cara de las imágenes elegidas, ellos tomarán conciencia del sentimiento que provoca cada situación.

Si ellos se sienten identificados puede que nos digan algo que no les gusta y les hace sentir mal, por ejemplo: no me gusta comer tomate, irme a la cama hace que me enfade, etc.

También podemos pedirles que se miren al espejo y que pongan cara de enfadados.

El uso de cuentos es perfecto para estas edades. Elegiremos un cuento en el que se hable del enfado para ampliar el vocabulario de los niños en cuanto a dicho sentimiento y para asociar el rostro, el sentimiento y la situación en la que se puede producir.

Podéis utilizar nuestros cuentos de sentimientos para niños a partir de 3 años que encontraréis en “cuentos de inteligencia emocional”:

–          Algo me hizo estar enfadado. Cuentos de sentimientos (3 años). Algo me hizo estar enfadado.

–          Me siento bien, estoy contenta. Cuentos de sentimientos (3 años). Me siento bien. Estoy contenta.

–         Me siento triste y quiero mi juguete. Cuentos de sentimientos (3 años). Me siento triste y quiero mi juguete.

Los hechos que suelen ocurrir dentro del entorno escolar, peleas en clase, caídas en el patio, etc. también nos pueden ayudar a poner ejemplos reales,  para que los niños asimilen mejor los conceptos con la experiencia vivida.

Una vez que los alumnos hayan interiorizado este concepto y lo asocien a la imagen, será más fácil para ellos expresar sus sentimientos y exponerlos en clase.

Este es el momento perfecto para llevar los sentimientos a la asamblea.

Cada mañana podéis elegir  a alguno (o a todos si son pocos niños en clase) que os señale cómo se siente hoy (cartulina con cara feliz, triste, enfermo, asustado,…)

Si el alumno está muy triste o enfadado por algún motivo, el profesor puede animar a los compañeros a que le den un abrazo para subir el ánimo del compañero que está pasando un mal momento.

De este modo, conseguimos que el resto de los alumnos entiendan el estado de ánimo del niño afectado y empaticen con su sentimiento. Además les enseñamos a respetar a los demás y a ayudarles en los momentos difíciles, tal y como nos gustaría que lo hiciesen con nosotros.

Si el alumno está contento podemos pedir a los compañeros que le den un aplauso, para mostrar que a toda la clase le gusta verle feliz. Es bueno que los peques aprendan a compartir y a disfrutar de la felicidad de sus compañeros, así evitaremos envidias futuras.

Tienen que entender que todos los sentimientos son importantes, pero que cada uno se trata de manera distinta. Por eso, el abrazo irá destinado a la tristeza (para dar ánimo) y el aplauso a los momentos de alegría (hay que favorecer el carácter positivo y alegrarnos por los demás)

Este último paso nos puede llevar a un nuevo sentimiento: la CARA AMIGABLE, porque cuando ayudamos a los demás y empatizamos con su sentimiento, estamos siendo buenos amigos, eso nos hace sentir bien y estamos siendo amables con los demás (Recomiendo: Cuando soy amable, Editorial: SM). Por norma general un sentimiento nos llevará a otro.

Al igual que enseñamos a reconocer determinados sentimientos, también podemos introducir métodos para gestionar los estados de ánimo que nos hagan sentir mal.

De nuevo, el caso del enfado nos servirá como ejemplo. Una vez que el alumno ha identificado ese sentimiento con el rostro y la situación en la que se produce, podemos hacer un ejercicio de control para reducir la rabieta y la ira que provoca el enfado.

En niños tan pequeños funciona muy bien el control de la respiración, con ello buscamos que el niño se calme para, posteriormente, hablar con él. Un buen método es tener a mano los clásicos juguetes para hacer pompas. Esto les divertirá, requerirá de su concentración y les ayudará a realizar respiraciones profundas (inspirar para tomar aire y expirar para que la pompa salga). Conseguiremos así:

–          Que ponga su atención en algo que le gusta.

–          Que se concentre en otra cosa que no sea su rabieta. Le alejamos del problema para calmarle y nos acercamos de nuevo mediante el diálogo.

–          Que se relaje mediante la respiración.

Una vez calmado, podemos hablar con él, pues deben acostumbrarse a hablar con las personas que pueden ayudarles a resolver el problema. De este modo, fomentaremos el diálogo y evitaremos que guarden los sentimientos negativos en su interior. Aprenderán que los problemas se resuelven mejor en calma y hablando, que pataleando y gritando.

¡Un último consejo para esta actividad! Cuando nos dirigimos a los peques debemos intentar hablar con ellos a su misma altura. Es decir, agáchate para que podáis miraros cara a cara, así evitarás que él se sienta inferior. De ahí que las cartulinas estén a su altura, pues debemos fomentar que se sienta cómodo. Háblale en tono suave y calmado, tal y como te gustaría que hicieran contigo.

Autora: Beatriz de las Heras García