¿Cómo afectan nuestros actos a los demás? Actividad para el aula (a partir de 8 años)

actividades para trabajar las emociones

¿Qué tal si enseñamos a nuestros alumnos a empatizar con los demás?

Los jóvenes deben aprender que sus actos y sus palabras afectan a los sentimientos de aquellos que les rodean. En Cuentos y Recetas creemos que la Inteligencia Emocional es una asignatura ausente, pero muy necesaria, en las aulas. Por este motivo, os proponemos que dediquéis un día y una hora a la semana para desarrollar actividades sencillas que eduquen la parte emocional de nuestros jóvenes.

Si buscas actividades para niños de otras edades no dudes en visitar el resto de actividades para trabajar las emociones que ofrecemos en Cuentos y Recetas. 


ACTIVIDADES PARA TRABAJAR LAS EMOCIONES. ¿ Cómo afectan nuestros actos a los demás?

El objetivo de esta actividad será que los chicos y chicas analicen sus actos y puedan comprobar cómo afectan al resto de compañeros. Además, nos servirá para detectar posibles casos de bullying.

Pondremos dos sacos o cajas. En una se introducirán las cosas que les hagan sentir bien y la otra irá destinada a mensajes donde se indiquen todo tipo de situaciones, expresiones o actos físicos que les hagan sentir mal.

Los alumnos escribirán en un papel lo que quieran transmitir y lo introducirán en la caja pertinente. El papel lo pueden traer escrito de casa o escribirlo en el aula.

El autor de la nota podrá firmar con su nombre o dejar el mensaje anónimo.

Las cajas no estarán en el aula, sino que se depositarán en algún lugar del colegio donde los alumnos no se sientan observados o manipulados por el resto de chicos y chicas. Debemos garantizar que estén tranquilos y seguros al depositar la expresión de sus sentimientos.

La información obtenida será tenida en cuenta por los expertos del colegio (orientadores, psicólogos, mediadores, profesores, etc.)

Toda la comunidad educativa estará involucrada en recopilar la información que los alumnos han transmitido.

Se debe dar importancia tanto a lo bueno como a lo malo.

Algunos ejemplos:

Hecho: Ayer alguien me defendió en clase, cuando un niño se burlaba de mí. Sentimiento positivo: Me sentí protegida, acompañada y feliz.

Hecho: Hace dos días unos amigos se burlaron de mi ropa interior en el vestuario. Sentimiento negativo: Me sentí avergonzado, nadie me ayudó y me sentí solo.

Hecho: Mi amiga siempre me escucha y me acompaña. Sentimiento positivo: Siento que no estoy sola y me siento segura y tranquila.

Se hará una lista de todos los sentimientos y situaciones vividas por los chicos y se pondrán de manifiesto en clase para poder debatir y conversar sobre ello. Si es posible, cambiaremos algo del texto escrito por los alumnos para evitar que puedan reconocer determinadas situaciones o identificar a alguien de su grupo o clase. De este modo se mantendrá el anonimato.

Aquellos mensajes que evidencien extrema agresividad, soledad del alumno o cualquier situación que indique bullying, deberán tratarse con mucho más cuidado: buscaremos al alumno afectado y, cuando se ponga de manifiesto el tema del bullying en clase, habrá que sacar al agresor o agresores para que el grupo y el propio agredido no se sientan cohibidos por su presencia. Intentaremos que el grupo sea consciente de la situación y que adopten una actitud responsable ante el problema: no reírse, no permitir el abuso, etc.

Los casos de bullying o acoso deberán tratarse por expertos del centro educativo: orientador, psicólogo o pedagogo.

El resto de mensajes se tratarán de manera generalizada para analizar con el grupo cómo nuestros actos pueden afectar al estado de ánimo de todos los que nos rodean.

Por ejemplo:

–          Nuestra amabilidad hace que todos nos sintamos bien. Si a un compañero se le cae el estuche y yo me agacho para ayudar, he conseguido hacer que se sienta bien.

–          Nuestra agresividad influye en el grupo. Si alguien me mira mal o se ríe cuando yo hago una pregunta o contesto a alguna cuestión formulada por el profesor, me sentiré humillado y menospreciado. Además, el grupo sentirá que no está bien visto participar en clase, pues se les puede tachar de “pelotas” o ser humillados por ello.

El docente deberá asignar un grado de importancia a cada mensaje, pues no se pueden tratar todos los temas de igual modo.

En este sentido, algunos mensajes se podrán trabajar en el aula y otros deberán ser tratados individualmente o en grupos más reducidos. Por ejemplo:  aquellos mensajes que impliquen a toda la clase, como es el caso de respetar a los compañeros cuando hablan, no reírse de los errores ajenos, etc. podrán ser motivo de debate en el aula, para que todos sean partícipes de cómo sus actos afectan al resto del grupo y de la importancia del respeto hacia los demás.

Sin embargo, otros asuntos deberán tratarse con más cautela y siempre controlados y asesorados por expertos del centro educativo (psicólogos o pedagogo). El caso de la exclusión de un alumno de un grupo de amigos y los insultos y agresiones, entre otros asuntos, son ejemplos en los que habrá que tomar otras medidas más controladas.

Ayudar a los niños a adquirir habilidades sociales para entrar en los grupos de pares, puede ser más importante que cualquier tema impartido en el aula ya sea de sociales o literatura. La pertenencia y aceptación de los niños a un grupo les hará mejorar su autoestima y sentirse más seguros de sí mismos. Todo ello repercutirá de manera positiva en su capacidad para atender y entender las materias escolares, pues nuestro estado de ánimo influye enormemente en nuestra capacidad de atención y comprensión.

Estas actividades que potencian la empatía pueden ayudar a aquellos alumnos a los que les cuesta más hacer amigos,  aportarán a todo el grupo un mayor control de las emociones y mejorarán notablemente sus habilidades sociales.

Espero que esta propuesta os ayude a desarrollar la inteligencia emocional de vuestros alumnos.

FIN

Autora: Beatriz de las Heras García