La historia de Santa Claus. El origen de Papá Noel

Historia de Santa Claus. El origen de Papá Noel.

HISTORIA DE SANTA CLAUS. El Origen de Papá Noel.

El origen de Papá Noel o la historia de Santa Claus tienen un mismo punto de partida: San Nicolas. Seguro que todos estos nombres os recuerdan a una misma figura y os llevan a evocar las mismas fechas: La Navidad.

Cuántos niños escriben sus cartas llenas de buenos propósitos y largas listas de regalos, en las que el inicio siempre suele ser: “…este año he sido muy bueno o buena…”. Casualmente, a todos les surgen pequeñas lagunas en sus memorias para recordar aquello que no han hecho tan bien: “mejor no mencionarlo para no tener problemas con Papá Noel, y que no me traiga los regalos que le pido con tanta ilusión”

Pero, ¿sabéis de dónde viene la leyenda de San Nicolás?

Si vuestros hijos están en esa edad en la que cuestionan todo, ya podéis explicarles cuál es la historia de Santa Claus o Papá Noel, de dónde viene su magia y su mundialmente conocida bondad.

Nicolás de Bari nació en Turquía, en el seno de una familia muy adinerada. Cuando aún era muy joven sus padres fallecieron como consecuencia de la peste.

El joven decidió donar todas sus riquezas a los más necesitados y fue haciendo buenas obras a lo largo de su vida. Se dedicó al sacerdocio y continuó volcándose en aquellos que menos tenían.

De ahí su fama de hombre bueno y generoso…

No hace falta ser mágico para hacer buenas obras y San Nicolás es un claro ejemplo de ello, ¿no os parece?

En algunos países y culturas, para que la mujer pueda casarse debe entregar una dote a la familia de su futuro marido. Pues cuentan que una joven que quería casarse no disponía de dicha dote. Al conocer su tristeza, San Nicolás decidió colarse por la ventana del hogar de la muchacha, cargado con un saco de monedas de oro. Introdujo las monedas en los calcetines que estaban tendidos en la chimenea para que se secaran y, al día siguiente, la joven vio su deseo hecho realidad.

La vida de este maravilloso hombre fue tomada como argumento para escribir un precioso poema: “Una visita de San Nicolás”, de Clement Clarke Moore (1823). Este escritor y profesor de Literatura Griega tomó la figura e historia de San Nicolás para escribir un poema dirigido a los niños. Lo que él no sabía es que estaba dando vida a una de las historias y tradiciones más populares del mundo.

En el poema se habla del rostro, la barriga, la barba y la ropa roja de Papá Noel. También se menciona a los renos que tiran del trineo y que surcan los cielos.

Los cascabeles, los calcetines y los niños durmiendo son, entre otros, algunos aspectos que hoy en día todavía se mantienen y forman parte de la magia de la Navidad.

Lo más importante, jóvenes y curiosos lectores, no es que ya conozcáis la historia de Santa Claus o Papá Noel, sino que ahora ya sabéis que no es necesario ser mágico para ayudar a aquellos que más lo necesitan, tanto en Navidad, como en cualquier época del año.

 

Con el Poema “Una visita de San Nicolás” de Clement Clarke More, desde Cuentos y Recetas os deseamos unas ¡Felices Fiestas!

UNA VISITA DE SAN NICOLÁS

Autor: Clement Clarke Moore

Traducido por John Monsalve 

Era la noche de Navidad, un poco antes de las doce,

a la hora en que todo está en calma, hasta los ratones.

Habíamos colgado nuestras medias en la chimenea,

para que San Nicolás las encontrara cuando llegara.

Acurrucados y abrigados bajo las sábanas,

los niños, juiciosos, estaban durmiéndose.

Mi mamá y yo, con nuestra ropa de dormir,

acabábamos de apagar la vela,

cuando afuera, un ruido de campana,

me hizo salir rápidamente de la cama.

Fugaz como una flecha hacia la ventana,

escruté la inmensidad del cielo estrellado.

Sobre la nieve, la luna brillante

iluminaba la noche como si fuese el día.

Abrí mis ojos, y aparecieron a lo lejos

un trineo y ocho renos no más grandes que una mano,

dirigidos por un pequeño y alegre personaje:

Era San Nicolás, yo lo sabía.

Sus corceles volaban como si tuvieran alas.

Y les cantaba, con el fin de animarlos:

« ¡Vamos, Tornado! ¡Vamos, Bailarín! ¡Vamos, Furia y Vestido!

¡En Cometa y Cupido! ¡Vamos relámpago y Trueno!

¡Directo a ese porche, hacia ese muro!

¡Vamos, vamos, mis amigos! ¡Al triple galope!”

Similares a las hojas muertas, llevadas por el viento,

que suben hacia el cielo para superar los obstáculos,

los renos volaron hasta  mi cabeza,

con el trineo, los juguetes y San Nicolás.

Poco después oí sobre el techo resonar algo,

el pisoteo fogoso de sus pequeños zuecos,

la ventana estaba cerrada, y me volteé

en el preciso momento en que San Nicolás salía de la chimenea.

Su abrigo de piel, sus botas y su gorro

estaban un poco sucios por la ceniza y el hollín.

Sobre su hombro, un saco lleno de juguetes

le daba la apariencia de un extraño vendedor.

Tenía los cachetes rosados, unos hoyuelos encantadores,

una nariz como una cereza y unos ojos brillantes.

una boca pequeña que sonreía todo el tiempo,

y una barba larga de un blanco muy puro.

De su pipa iluminada y atrancada entre sus dientes,

subían en torbellino volutas de humo.

Tenía el rostro alegre, y su vientre redondo

saltaba cuando reía, como un pequeño balón.

Era tan regordete, tan cachetón, este travieso duende,

que no pude aguantar la risa, ni tapándome con la mano.

Pero con un guiño de ojo y una señal de la cabeza,

me hizo comprender que yo no corría ningún peligro.

Luego sin decir una palabra, pues él tenía afán,

se apresuró a llenar las medias, hasta el fondo,

y se despidió poniéndose el dedo en la punta de la nariz,

antes de desaparecer en la chimenea.

Oí el silbido de su tripulación,

juntos se fueron como una pluma en el viento.

Antes de desaparecer, San Nicolás gritó:

“Feliz Navidad y feliz Nochebuena para todos”

Autora: Beatriz de las Heras García

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