Cómo controlar la ira

CÓMO CONTROLAR LA IRA

Cómo controlar la ira

El control de la ira en niños no es nada sencillo. Para muchos adultos resulta complicado controlar la ira en determinadas situaciones. Por ello, deberíamos comprender lo difícil que es para un  niño controlar una emoción que surge de manera natural en ellos.

Decía Aristóteles:”Cualquiera puede enfadarse, es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo” (Aristóteles, Ética a Nicómano)


CÓMO CONTROLAR LA IRA CON LOS HIJOS.

Para mí, la ira es una de las emociones que más daño hacen, pues afecta de manera importante, tanto a los demás, como a uno mismo.

Si entendemos la ira como algo muy superior a un enfado, podríamos hablar de la ira como enfado superlativo. Todos podemos enfadarnos. El enfado es una emoción sana, normal y que nos permite mostrar que algo no nos gusta o nos hace daño.

Sin embargo, las personas que sienten ira suelen comportarse de manera agresiva, con insultos o hablando a gritos para intentar imponer su criterio.

Para poder ayudar a las personas que sienten esta emoción, tenemos que ser pacientes. No podemos acercarnos a ellas en plena situación de ira. Lo mejor es buscar un momento en el que la persona esté tranquila, contenta, pero no excitada.

Para conseguir que una persona con carácter irascible comprenda y asimile el manejo de esta emoción, debemos acercarnos desde una emoción agradable: la alegría, la admiración.

Cuando la persona a la que queremos dirigirnos está enfadada, es imposible que consigamos nuestro objetivo. Por tanto, vamos a calmarnos nosotros y a ser pacientes. Veamos cómo controlar la ira y la agresividad en función de la edad:

  • Control de la ira en preadolescentes. No conviene el enfrentamiento. Todos podemos decir cosas que hieren y luego quedará el sentimiento de culpa y de haber hecho un daño irreparable a las personas que amamos. Para evitar entrar en una discusión, podemos marcharnos, pero nunca entrar al trapo pegando más gritos. Si tenemos que esperar varios días para hablar sobre este tema, esperaremos. Es mejor esperar el momento oportuno.
  • Control de la ira en niños. Debemos intentar calmar el berrinche. Un abrazo, paciencia y un tono de voz bajo harán que él note nuestra calma y poco a poco se relaje. En este caso, conviene hablar con él e intentar razonar que no es bueno enfadarse. Su memoria es bastante inmediata, así que, si esperas un día o dos, puede que no se acuerde de lo que le estás hablando. Es importante que no permitamos que el niño se salga con la suya. Los niños necesitan límites para entender y asumir la frustración y la desilusión como una reacción normal que no debe desencadenar en ira.  

EDUCACIÓN EMOCIONAL. Los límites de la ira.

La mejor manera de que nuestros hijos/alumnos manejen los enfados y la ira es comenzar desde pequeños marcando límites. Los límites forman parte del proceso de aprendizaje de los niños. Marcar tiempos, comidas organizadas, espacios de juego, pautas de higiene personal, dejar que hagan las cosas por sí solos, sin ayudarlos en todo (deben aprender a no conseguir las cosas a la primera y aun así seguir esforzándose), etc.

Por supuesto, los límites, como todo en la vida, deben ser gestionados con coherencia. Es decir, si tu hijo de 3 años está intentado quitarse la ropa y tras varios intentos te pide ayuda, puedes hacerlo (sacarle las mangas y que él termine de quitarse la camiseta), pero al día siguiente insiste en que tiene que intentarlo de nuevo.

La tolerancia a la frustración forma parte del control de la emoción que tratamos, la ira. Por

ello, los límites son fundamentales para evitar criar o educar niños irascibles.

El caso de los preadolescentes requiere algo más de paciencia. Utilizaremos los límites como punto de partida pero, en este caso, debemos conseguir que entiendan las consecuencias de este carácter. Lo más importante es que entiendan que no se puede conseguir todo y, por ello, no pueden gritar y enfadarse.

Cuando un preadolescente ha llegado a este punto, quiere decir que de pequeño no ha sido capaz de entender que la ira no es la respuesta a la frustración. A medida que se hacen mayores, utilizarán la ira para justificar sus actos: pereza, caprichos, peleas, etc. La mentira formará parte de sus estrategias (si no lo consigo a gritos, mentiré para que me den lo que quiero)

  • Marcaremos unos límites y normas para la mejor convivencia en casa, siempre desde el acercamiento con cariño y en un tono tranquilo. Tenemos que llevar al joven a una emoción de respeto y admiración para que sea capaz de entender que no somos el enemigo y que estamos pidiéndole cosas coherentes y justas.
  • Buscar un momento del día para trabajar la respiración y la calma también puede ayudar.
  • Desconectarse de lo tecnológico, para que su mente se acostumbre a no sustituir frustración y aburrimiento por consola, móvil y televisión.
  • No tengáis miedo de decir “no”. Muchos padres con hijos irascibles sienten miedo de las consecuencias. Tranquilos, “decir a vuestro hijo que no puede hacer algo” es totalmente normal, forma parte de la educación. Recordad que vosotros ponéis los límites. Puede que se enfade y comience a gritar. No entréis en la discusión. Una vez que decidís algo, tenéis que llevar esa decisión hasta el final. El intentará, con gritos, que le dejéis hacer lo que le apetezca, pero no podéis cambiar vuestra decisión. Tranquilizaos y manteneos firmes.
  • No es conveniente castigarlos sin su deporte o actividad favorita (fútbol, baloncesto, pintura). Son sus momentos de escape y ellos también los necesitan. Pero hay que marcarles normas: hasta que no recojas tu cuarto, no iremos a “fútbol”, así que, si no lo haces a tiempo, puede que lleguemos tarde a “fútbol” o sencillamente que llegues cuando ya hayan terminado. De este modo, no estás imponiendo un castigo, sino haciéndoles responsables de alcanzar un objetivo, para conseguir algo que les gusta y con lo que disfrutan (futbol).

Como todo aprendizaje, la educación emocional requiere bastante tiempo y paciencia. Los resultados no suelen ser inmediatos. Conocer y manejar nuestras emociones es algo que iremos aprendiendo y asimilando con el tiempo y, con la edad, entenderemos mucho mejor los beneficios que nos aporta el control emocional, tanto en nuestra vida social y familiar, como en nuestro desarrollo profesional.

Autora. Beatriz de la Heras García

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