Donde viven los monstruos, Maurice Sendak

«Donde viven los monstruos», análisis del libro de Maurice Sendak (+4 años)

Donde viven los monstruos analisis libro

En casa de Cuentos y Recetas, como en todas las casas, los niños se cogen pataletas, a veces suaves y otras más importantes. Un día, los dos pequeños se cogieron una de esas pataletas históricas, de las que parece que no vayan a tener fin y sucedió que, ante mi colapso, porque las madres también nos bloqueamos, decidí mandarlos a la habitación para que se calmasen.

Cuando yo conseguí sosegarme, o ablandarme, subí a su cuarto y allí estaban ellos tan tranquilos jugando como si nada…Así son los niños y así somos las madres, incapaces de permanecer enfadadas más de medio minuto.

En ese mismo instante, me acordé de este precioso álbum ilustrado, que tantas veces había leído con mi hijo mayor, pero que, por algún motivo, aún no había leído con los peques. Puede que el destino estuviera reservando esa primera lectura para este preciso momento.

El protagonista de esta historia, llena de magia, es un niño, Max, que una noche se pone un disfraz de lobo y comienza a hacer travesuras, hasta que su madre, cansada de su actitud, le dice – ¡Monstruo! – y Max contesta – ¡te voy a comer!

Total, que la madre le manda castigado a su habitación, sin cenar. ¿Os ha sucedido en casa?

Mientras Max continúa con un enfado de campeonato, su dormitorio se transforma en un bosque y, de repente, aparece un océano con una barca para Max.

El protagonista emprende un viaje hasta el lugar donde viven los monstruos. Pero Max no tiene miedo de sus rugidos, ni de sus garras y consigue amansarlos a todos. Es tan valiente, que los propios monstruos lo convierten en su rey.

Max y los monstruos hacen una fiesta de monstruos, hasta que hacer el monstruo deja de ser divertido y el pequeño se da cuenta de que necesita estar junto a alguien que lo quiera mucho. Parece que ser el rey de los monstruos ha dejado de ser entretenido y Max decide regresar a su hogar, a pesar de los ruegos de sus nuevos y monstruosos amigos.

Cuando vuelve a su habitación, le espera una sorpresita…

Mis peques, que son muy sabios, siempre dicen que Max deja de ser un monstruo cuando se le pasa el enfado. Así es;  cuando nos deshacemos del berrinche o la ira, los monstruos desaparecen y es en ese momento cuando más necesitamos sentir el amor de aquellos a los que nosotros más queremos.

Hemos leído muchas veces esta historia sin estar enfadados, claro, y cada vez hemos disfrutado mucho más de su mensaje, descubriendo nuevos detalles que nos han maravillado.

SUGERENCIAS PARA DESPUÉS DE LEER “DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS”

Antes de leer el cuento reflexionamos sobre la portada.

Esta actividad siempre la recomiendo antes de leer cualquier cuento, pero este álbum me inspira de un modo especial para realizar esta actividad. Se trata de una rutina de pensamiento muy sencilla.

Antes de leer el título o abrir el libro, vamos a dejar que los niños observen bien la portada, aprovecharemos ese momento para explicarles qué elementos suele mostrar una portada: ilustración, nombre del escritor y/o ilustrador, editorial, etc.

Después les haremos tres preguntas:

  • ¿Qué ves en la ilustración de la portada? Permitiremos que respondan antes de pasar a la siguiente pregunta.
  • ¿Qué piensas al ver esa imagen?
  • ¿Qué preguntas te haces? Cualquier pregunta que los niños quieran hacerse y de la que puedan encontrar la respuesta tras la lectura del cuento.

Tras plantear sus reflexiones, procedemos a leer el cuento.

Una vez leído, los niños (con nuestra ayuda, si la necesitan) intentarán dar respuesta a las preguntas que se habían hecho inicialmente.

Con esta actividad, estamos desarrollando en los niños la capacidad de observación de los detalles que aparecen en la portada, su interpretación y formando su pensamiento para ser capaces de hacerse preguntas sobre lo que ven.

¿Alguna vez te has puesto un disfraz de lobo?

En casa o en el aula, podemos imprimir una máscara de lobo. Los niños podrán recortarla y colorearla. Una vez tengan la máscara preparada, se la pondrán y tendrán que pensar en algún momento en que hayan realizado travesuras como las de Max.

Juntos analizaremos cómo conseguimos calmarnos cuando nos enfadamos.

Por último, podemos preparar un   ” frasco de la calma” (inspirado en la pedagogía María Montessori), que nos permita rebajar el enfado, mediante la relajación y la respiración.

Para su elaboración, necesitaréis una botella transparente (preferiblemente de plástico), purpurina, agua y un poco de cola líquida.

Llenamos el frasco con agua hasta la mitad, añadimos purpurina al gusto y agitamos para ver el efecto. Os aconsejo añadir la purpurina poco a poco para que se pueda apreciar su movimiento. Si lo llenamos mucho no se aprecia esa sensación de calma al caer la purpurina. Incorporamos un poco de cola líquida para ralentizar el movimiento de la purpurina. Terminamos de llenar la botella con agua.

Es importante cerrar bien la botella para que no se derrame. Nosotros ponemos silicona transparente para evitar que se pueda abrir.

Este bote se preparará para ser utilizado como canalizador de las emociones. En momentos puntuales de enfado, podemos concentrarnos en el movimiento de la purpurina, al tiempo que respiramos suavemente para calmarnos.

El uso del frasco no significa que dejemos al niño solo, sino que es importante que realicemos este ejercicio junto a él, acompañándolo en sus emociones. De este modo, los niños y los adultos podrán reflexionar sobre sus emociones (ira, tristeza, rabia, etc.) desde un estado de sosiego y calma.

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