¿Y si me equivoco al elegir el colegio de mi hijo?

¿QUÉ COLEGIO ELIJO? 

¿Qué colegio elijo?

¿Qué colegio elijo? ¿Qué pasa si me equivoco en mi elección? ¿Es bueno cambiar de colegio?

Te hablo desde mi experiencia como madre, como experta educativa y como persona. Si estás leyendo esto es porque estás en un momento de cambio, bien porque tu hijo empieza el colegio o porque algo no va bien y habéis decidido cambiarlo. Sea cual sea tu motivo, espero poder ayudarte.

Existen infinidad de webs que nos hablan de las virtudes de uno u otro colegio, de sus métodos o líneas educativas, o de sus innovadoras herramientas tecnológicas. ¡Todos maravillosos!

Pero si buscas opiniones sobre dichos centros, también encontrarás comentarios negativos sobre cómo han hecho sentirse a los niños, sobre la carga de trabajo o cualquier otro aspecto que haya podido afectar al desarrollo de algún alumno.

Lo cierto es que cada vez que alguien me pide consejo sobre dónde llevar a sus hijos, o sobre un modelo educativo determinado, siempre digo lo mismo: los colegios tienen que encajar con el niño y sus familias y viceversa.

Es decir, lo que para unos vale, para otros no vale.

Cuando mi marido y yo elegimos colegio para nuestro primer hijo, no dejamos ningún detalle al azar: colegio con magnifico nivel de inglés, estupendas instalaciones, buen proyecto, tecnologías avanzadas, cerca de casa.. Parece perfecto ¿verdad? … ¡Pues no!

Los primeros años de la etapa infantil fueron bastante buenos, pero la etapa de primaria nos desgastó a todos, no solo a nuestro hijo, sino a nosotros como familia.

Tras mucho pensar, nos embarcamos en la búsqueda de un nuevo colegio que recuperase el “gusto por aprender” de nuestro hijo.

Pero en esta ocasión llevábamos en la mochila las experiencias fallidas y dos hijos más. Buscamos algo que encajase con nuestro modelo de familia, con el modo de ser de nuestro hijo mayor y que sirviese en un futuro para los  dos pequeños. Además, que fuera en la línea de nuestra mirada educativa que, dicho sea de paso, es una mirada cultivada y muy exigente en este tema.

Por el camino, surgieron dudas sobre si sería conveniente cambiarlo, alejarlo de su entorno, de sus amigos, llevar a nuestros hijos a colegios distintos; un sinfín de dudas que parecía empujarnos a quedarnos como estábamos.

En todo ese caos emocional – porque todo lo que afecta a nuestros hijos nos ataca directamente a las emociones – tuvimos que elegir en qué colegio debían empezar los dos pequeños: Una bebé que aún iba a la guardería y el mediano, que había empezado a estudiar su etapa infantil en un colegio pequeño cerca de la guardería, mientras que tomábamos una decisión sobre el mayor de nuestros hijos.

Tomamos aire, porque todo lo que acabo de relatar es para tener una bombona de oxígeno a mano.

Cuando por fin conseguimos definirnos por un determinado colegio, mi marido me dijo – ¡esta vez no podemos equivocarnos! ¿Estamos seguros de que esto es lo que mejor va a funcionar?

He de decir que esa pregunta me hizo entrar en pánico. ¿Cómo podíamos garantizar que el colegio elegido iba a ser el idóneo? Yo, que me paso el día analizando modelos educativos y colegios y  que cada día escucho a padres y docentes quejarse y lamentarse por el modo de educar a los niños de hoy en día.

Entonces decidí utilizar mi pilar educativo favorito para intentar dar respuesta a nuestro temor: permitir el error como resultado. – ¡Pues podemos equivocarnos! – Dije – No podemos garantizar que esto va a salir bien. Creo que es el colegio ideal, pero es imposible saber qué va a suceder. Y si tenemos que volver a cambiar, lo haremos…

¡Tengo suerte de que mi marido sea de los que no se rinden nunca!

Volvimos a coger aire y tomamos una decisión y, como en cualquier toma de decisiones, tuvimos que aceptar el riesgo de que algo pudiera no funcionar.

¡Pero funcionó! Y nuestros hijos, que aún hoy van a colegios distintos, son felices, aprenden con gusto y eso se traslada al bienestar familiar.

¿Conoces el refrán “más vale malo conocido, que bueno por conocer”? Pues en temas educativos, eso no funciona.

Por eso, si me pides consejo para elegir un colegio o sobre si cambiar a vuestro hijo a otro centro, te diré que cada niño, cada familia y cada colegio son un mundo; lo que para unos sirve, para otros no.

Escucha a tu hijo o hija, busca algo que os haga sentir bien como familia y no te culpes si algo no funciona, porque el error forma parte del camino al éxito.

Y si no tenéis la posibilidad de cambiar a vuestros hijos de colegio o de elegir el que más os gusta, no permitáis que los problemas del colegio perjudiquen vuestra relación con ellos.  Apoyadlos, escuchadlos, animadlos a mejorar y nunca juzguéis sus tropiezos, porque en cada uno de ellos podrán hallar un aprendizaje.

Por último, aunque no menos importante, os recomiendo que escuchéis los consejos de aquellas personas de vuestra confianza. Que sus consejos los hagáis vuestros, adaptándolos a vuestra situación personal.

Nosotros tuvimos la ayuda inestimable de Ana de @equidae que nos tendió su mano cuando más lo necesitábamos.

Espero que este artículo sea esa mano tendida para encontrar vuestro camino.

Autora: Beatriz de las Heras García

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