Pablo y su exposición en el cole

COLECCIÓN CUENTOS INFANTILES DE LOS LERELE

cuento aventuras
   Una historia de Pablo Lerele

Cuando la profesora propuso el tema de la exposición oral, sabía que, mi amigo Guille y yo, lo íbamos a bordar: “Tú receta favorita”


PABLO Y SU EXPOSICIÓN EN EL COLE.

El primer grupo en hacer su presentación dejó el listón bastante alto. Prepararon una presentación muy divertida con una receta de mini pasteles de zanahoria y, para rematar la jugada, trajeron 23  pasteles que repartieron en clase.

La idea me gustó y pensé que nosotros también llevaríamos una muestra de nuestra receta para todos los compañeros.

Mientras estaba abstraído pensando en cómo iba a ser nuestra presentación, me llegó el turno de recibir mi pastelillo de zanahoria.

Aunque agradecí el detalle culinario, lo cierto es que aquel obsequio me ponía en un serio compromiso. Veréis, el problema es que yo soy muy escrupuloso y tanto sobeteo de comida hacía imposible que me metiera el pastelillo en la boca.

Y allí estaba yo, cara a cara con mi pastel, todo el mundo con la boca llena de pastelillos y yo con un ataque de asco que me impedía pensar con claridad.

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Para evitar que mis compañeros se dieran cuenta de mis escrúpulos y pudiesen pensar que era algo rarito, decidí guardar el pastelillo en mi mochila, pero justo cuando iba a envolverlo en un folio para que no se manchase la mochila por dentro, mi amigo Guille se dio la vuelta y, con la boca llena de pastel, me dijo – ¿a que está riquísimo– Si – contesté mientras inflaba los carrillos fingiendo que comía como el resto de compañeros.

Con los nervios, empujé el pastelillo al fondo de la mochila sin ningún tipo de envoltorio y, mientras lo escondía, notaba como el pringue invadía el interior y todo lo que encontraba a su paso.

Ya no había nada que pudiera hacer, así que cerré la mochila y me dirigí a casa, intentando no darle más importancia a aquel asunto.

Llegué a casa, tiré la mochila en el sofá, como de costumbre, y encendí la tele para hacer tiempo hasta que Guille llegase,  pues habíamos quedado en que se quedaría a dormir conmigo para preparar nuestro trabajo.

Entonces, llegó mamá, que había ido a comprar los ingredientes para preparar la receta de nuestra presentación: Volovanes de pollo.

¿Os preguntaréis por qué elegí esta receta tan rara?

Pues veréis, el verano pasado viajamos a Paris, básicamente porque desde que mi hermana supo que una amiga suya iba a recorrer esa ciudad  en Semana Santa, no dejó de dar la matraca con que ella también quería ir. Como cada año elegimos un destino nuevo, mis padres pensaron que sería un viaje divertido y a la vez conseguirían que Marta se callase de una vez por todas.

Cada vez que salimos de viaje, papá y mamá insisten en que debemos probar algún plato típico del lugar. Yo decidí que los volovanes iban a ser mi plato experimental de París.

Y, por primera vez,  no me equivoqué con la elección. Aquellos volovanes de Pollo estaban riquísimos. Nos gustaron tanto a todos, que mamá pidió la receta al camarero y, para nuestra sorpresa, el mismísimo chef salió de la cocina y nos la entregó de su puño y letra. Mamá se siente tan orgullosa de esta historia, que en cada reunión familiar o de amigos siempre cuenta la misma anécdota.

Cuando estábamos preparando los volovanes que íbamos a llevar al día siguiente a clase, mi amigo Guille y yo, nos estábamos relamiendo los dedos…

Pero cuando terminamos de preparar 25 volovanes rellenos de pollo, nos dimos cuenta de que, al guardarlos en la caja para llevarlos a clase, conservarían todo su olor. Ese olor en una cocina es magnífico, pero si entras en clase oliendo a volován, puede que nadie quiera acercarse a ti por el resto de tu vida. 

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Con los 25 volovanes preparados, tuvimos que echarle mucho valor para explicarle a mi madre que no podíamos llevar eso a clase.

Menos mal que Guille estaba delante,  de lo contrario mi madre habría abierto la boca y me habría eliminado de la faz de la tierra de un bocado. Pero como no la gusta perder las formas delante de los demás, se limitó a apretar los dientes, abrir los ojos como si fuese a lanzárnoslos a la cara y nos dijo con un tono entre dulce y mortal – ¿qué proponéis entonces? Nos queda poco tiempo, así que tenéis que tomar una decisión rapidito…

– Bueno, mamá, no sé, creo que lo mejor será entrar en clase oliendo a galletas – y en un intento de hacerla participe de la decisión, le pregunté – ¿qué receta crees tú que es la más sencilla de hacer? –

Mamá no estaba para muchas tonterías, así que no coló mi intento de hacerla empatizar con la situación.

– No sé cariño – y volvió a apretar los dientes – dime tú lo que quieres, pero rápido, que ya hemos perdido toda la tarde.

Estaba claro que no teníamos mucho que hacer para arreglar el cabreo de mamá, tenía que pensar rápido – ¡Ya lo tengo, cookies de chocolate!

Bueno, creo que elegí bien, porque mamá tenía todos los ingredientes y como son unas de nuestras galletas favoritas, somos unos verdaderos profesionales preparándolas.

En menos de 1 hora habíamos preparado todas las galletas y Guille había elaborado un mural super chulo con nuestras fotos, mientras las cocinábamos. Mamá imprimió las fotos y las pegamos mientras se enfriaban las cookies de chocolate.

Habíamos hecho un gran trabajo y estábamos seguros de que nuestra exposición sería un éxito.

Mamá puso las galletas en una caja y enrollo el mural para meterlo en mi mochila.

Guille y yo ya habíamos desconectado y nos habíamos tirado frente a la consola, cuando me vino a la mente el pringue de mi mochila y vi a mi madre abriendo la cremallera. Entonces, me abalancé sobre ella cual jugador de rugby en pleno placaje para evitar la catástrofe.

– ¿Pero Pablo, es que te has propuesto acabar conmigo hoy?

– Lo siento mamá, es que he metido algo en la mochila y…

Mamá se asomó al interior de mi mochila y … ¡su cara era un poema! 

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Con tanto cocinar y preparar fotos, se me había olvidado el regalito que traía del colegio y con el calor, el resultado había empeorado muchísimo.

Mamá entró en la cocina, sacó un trapo y me lo puso en las manos. – Es mejor que empieces a limpiar esto antes de que comencemos a cenar, ¿no crees?

Guille se ofreció a ayudarme, pero lo cierto es que no fue un gran apoyo, pues se pasó todo el rato preguntándome a quien le había robado el pastel…Es increíble lo crédulo que es. En ningún momento pensó que era mi propio pastel.

Por suerte no se manchó ningún libro, eso habría supuesto un fin de semana de destierro en mi habitación, ¡seguro!

Justo cuando terminamos de limpiar la mochila y colocar las cosas para la presentación del día siguiente, mamá nos llamó a cenar…

Y como no podía ser de otro modo, nos pusimos ciegos de volovanes de pollo. Teníamos 25, así que había que comer sin rechistar. Por cierto, nos habían salido de muerte y, aprovechando que Guille se quedó a dormir, y eso cuenta como invitado, mamá volvió a contar su historia con el chef y la receta de volovanes. La verdad es que en esta ocasión se merecía ser la protagonista… ¡se lo había ganado por aguantarnos toda la tarde!

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FIN

Autora: Beatriz de las Heras García.

Ilustradora: Alba Pérez España.


 

NARRADOR PABLO LERELE

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pablo.lerele@cuentosyrecetas.com


PREGUNTAS SOBRE EL CUENTO AVENTURAS “Pablo y su exposición en el cole”

  1. ¿Qué trabajo tenían que hacer Pablo y Guille?
  2. ¿Has preparado algún trabajo así para el colegio? ¿Te gustó hacerlo?
  3. ¿Sabías que los volovanes son una receta de origen francés? ¿Te gusta conocer el origen de los platos que comes en casa?
  4. ¿Has probado alguna vez los volovanes de pollos? Te animamos a que prepares esta receta y la disfrutes con tu familia o amigos.

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