Veo brujas por mi ventana

CUENTOS DE BRUJAS - Veo Brujas por mi ventana

CUENTOS DE BRUJAS PARA NIÑOS

Veo Brujas por mi ventana es uno de nuestros cuentos de brujas para niños que más nos gusta. Nos gusta porque los niños no descubrirán hasta el final si uno de esos cuentos de brujas buenas o, por el contrario, pertenece a los cuentos infantiles de brujas malvadas.

Descubramos la historia de Alicia en la noche de la Halloween. 


CAPÍTULO I. Alicia y su plan para descubrir a las brujas.

¿Alguien sabe desde cuando existen las brujas? Lo cierto es que no está nada claro, pero lo que todos sabemos es que la noche de Halloween es el momento en el que todas las brujas del mundo salen con sus escobas para asustar a niños y niñas….bueno, eso es lo que nos han contado desde que éramos pequeños para asustarnos, pero nadie sabe la verdadera historia, la que me contó mi abuela. En este cuento de brujas hoy os cuento yo esa historia…

Hace ya mucho tiempo una anciana bruja decidió que aquel monte sería el lugar perfecto para reunir a las brujas del mundo en la noche de Halloween.

El Monte de las Tres Escobas, así se le conocía por los alrededores.

Se llamaba así porque en lo alto del monte había tres picos como tres jorobas y sobre ellos se posaban tres árboles que nunca tenían hojas, con ramas secas y grises como los flecos de una escoba.

A los pies del monte había un pequeño pueblo, donde los niños esperaban con emoción la noche de Halloween. Era el mejor día del año, pues se podían disfrazar, comer chuches sin límite y al final de la noche se celebraba una gran fiesta en la plaza del pueblo para padres, niños y abuelos, con chocolate caliente, churros y buñuelos.

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Pero había una niña que no disfrutaba de ese gran día. Se llamaba Alicia. Sus padres le habían explicado una y otra vez que las brujas no existían y que todo lo que sucedía en la noche de Halloween era un simple juego. Pero ella sabía perfectamente lo que había visto.

 La pequeña insistía en que cada año, durante la noche de Halloween, veía pasar un montón de brujas subidas en sus escobas que se dirigían al Monte de las Tres Escobas.

– Papá, mamá, tenéis que creerme, no me lo estoy inventado. Cada año son muchas más y nadie se fija en ellas, porque están muy ocupados atiborrándose de chocolate y buñuelos.- Dijo Alicia indignada.

– Alicia, yo creo que te asusta la oscuridad y por eso crees que ves brujas volando, pero te vuelvo a repetir que las brujas no existen. De todos modos, no te preocupes que nos quedaremos tranquilos en casa, aunque es una pena, porque tus compañeros de clase están deseando que te animases a salir con ellos para pedir chuches por las casas.- contesto la mamá de Alicia en tono preocupado.

La casa de Alicia y más concretamente su habitación, tenía vistas al Monte de las Tres Escobas. Habían pasado ya tres años desde que Alicia tuvo que quedarse en casa por estar muy enferma durante la noche de Halloween,  por lo que no pudo ir a la fiesta que se celebraba en la plaza del pueblo. Desde aquella noche, Alicia, no paraba de repetir que había visto brujas volando, pero nadie la creía y todos pensaban que habían sido alucinaciones provocadas por la fiebre.

Pero la pequeña sabía que era cierto y ,desde entonces, nunca más había querido asistir a la fiesta de Halloween.

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Así que un año más, Alicia decidió que no quería ir a pedir chuches, ni disfrazarse, ni celebrar  nada.

Su mejor amiga, María, que había llegado nueva al colegio hacía un año y desde entonces se habían vuelto inseparables, decidió quedarse con ella. Quería comprobar con sus propios ojos todo lo que su gran amiga le había contado una y otra vez.

Las dos niñas se atrincheraron en la habitación de Alicia con las luces apagadas, excepto por la luz de una preciosa lámpara que había llevado María y que reflejaba oscuros dibujos de brujas.

– Seguro que esta luz pasa desapercibida. Es importante que las brujas no sepan que estamos observándolas. – apuntó María estratégicamente.

Los padres de Alicia se quedaron más tranquilos al ver que María estaba con una amiga.

– Por lo menos no se queda aburrida en su cuarto como ha hecho otros años…- comentó la madre aliviada antes de salir a la fiesta de la plaza del pueblo.

Lo que la madre no podía imaginar era el plan que habían preparado las niñas para mostrar al pueblo entero que Alicia decía la verdad.

– ¿Has traído los prismáticos y la cámara? – preguntó Alicia mientras sacaba una bolsa llena de chuches de su mochila.– Claro y mira lo que he encontrado en el baúl de mi abuela.

María sacó un par de gorros de bruja en perfecto estado.

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– ¿En serio que has encontrado esto en casa de tú abuela? ¡Son perfectos! Así pasaremos totalmente desapercibidas cuando nos acerquemos a la montaña. ¿Y  tu abuela sabe que los has cogido?

– No le he dicho nada. Los cogí de un baúl que tiene escondido en la buhardilla. Se supone que no debo tocar ahí dentro, pero es que no puedo controlarme, siempre que me dicen que no debo hacer algo, empieza a picarme el cuerpo y no puedo dejar de rascarme hasta que lo hago…y así, casi sin darme cuenta, acabé en la buhardilla con la cabeza metida en el baúl de la abuela.

Las dos amigas se rieron y por un momento se olvidaron de su misión.

– Bueno, pues yo creo que ya lo tenemos todo. Voy a cerrar la puerta de mi habitación para que no puedan abrir y entre la luz del pasillo. Es importante que no nos vean. Sólo cuando todas las brujas estén dentro del monte, podremos salir de casa  y acercarnos sin ser vistas.

Estoy convencida de que hay un motivo por el que se reúnen en nuestro monte, algo las ha traído hasta aquí y tenemos que mostrárselo a todo el mundo.

El año pasado empezaron a llegar a las once de la noche, justo cuando todos los habitantes del pueblo estaban en la plaza. Seguro que ellas lo saben y por eso entran por este lado del monte, para no ser vistas… ¡pero no han contado con mi ventana y conmigo!

Sincronicemos los relojes.

María dio unos golpes al reloj como si no funcionase correctamente.

– Esta mañana ha sonado la alarma con un ruido espantoso. Bueno, creo que ya está. He quitado el sonido de la alarma. Con tanto jaleo se despertarían hasta los muertos. – Dijo María entre risas.

– Mira María, mi padre me ha traído el último número de la revista “Popudibus” y vienen todos los disfraces que se han puesto los protagonistas de la serie “Pandillas” para la fiesta de Halloween

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– ¡Vamos! ya estabas tardando mucho en sacarla, me muero de ganas de ver qué vestido se ha puesto la cantante de “Pandillas”.

Las dos amigas disfrutaban de su tarde de Halloween, entre risas y cotilleos. Se relajaron tanto que se olvidaron de mirar la hora.

De repente un pitido infernal las alertó de lo que sucedía tras la ventana.

– ¡Mi alarma, pero si la había apagado!…ya, por fin la he apagado.

Las dos niñas, asustadas por el escándalo que se había montado, se levantaron y fueron reptando por el suelo hasta llegar a la ventana.

– María, quédate ahí abajo. Voy a asomarme a ver si ya están pasando las brujas. Espero que no hayan escuchado la alarma, sino estamos perdidas.- Dijo Alicia entre susurros.

María estaba tan asustada que no podía articular palabra y se quedó casi petrificada bajo el marco de la ventana.cuentos de brujas buenas

Alicia se incorporó poco a poco hasta alcanzar el borde de la ventana. Respiró profundamente para reunir algo de valor que le permitiera abrir los ojos, para ver lo que estaba pasando fuera. Pero en su mente, sólo aparecían imágenes de brujas esperando tras la ventana con sus miradas clavadas en ella. Al fin, abrió los ojos, y vio que más de un centenar de brujas volaban sobre sus escobas hacia el monte. No parecía que estuvieran nerviosas o que se hubieran percatado de su presencia. Todo parecía seguir bajo control.

Alicia respiró tranquila.

– María, ya puedes mirar. Sube despacio para que no nos vean.- Susurró lentamente.

– Voy ¿Seguro que no nos han visto?

– Seguro, tranquila, todas siguen su camino sin hacer ningún gesto raro.

– Entonces, por qué esa bruja no deja de mirarnos…. – Dijo María con la voz entrecortada –mira, justo detrás de ese árbol. Cuidado, no hagas ningún movimiento brusco para que no se dé cuenta de que la hemos visto. ¿Qué hacemos Alicia? Deberíamos avisar a tus padres ¿Qué hacemos?cuentos de brujas buenas

– Ya la veo…¡madre mía! nos ha visto, nos han pillado María. Mis padres están en la plaza y no llegarán hasta dentro de media hora. Voy a llamarlos al móvil.

– Si, corre, tengo mucho miedo, no deja de mirarnos. Voy a cerrar todas las puertas.

Alicia llamó rápidamente a sus padres, pero no contestaban.

– Seguro que no lo oyen con el ruido que habrá en la plaza del pueblo. – pensó Alicia.

– Ya está Alicia, he cerrado todo. ¿Han contestado tus padres?

– No. También he llamado a tú casa y tampoco lo cogen y en la policía me han dicho que no debería gastar esas bromas sobre brujas. ¡Estamos solas! Será mejor que nos quedemos aquí hasta que vuelvan mis padres. Seguro que no nos harán nada, tranquila María.

Alicia y María se metieron en el armario donde había un pequeño recoveco que siempre utilizaban para esconderse y contarse sus secretos, pintarse las uñas o para cualquier cosa que precisara de absoluta privacidad.

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CAPÍTULO II. Las brujas no son lo que parecen.

No sé si sabréis que las brujas también hablan de sus familias, al fin y al cabo no dejan de ser personas normales con poderes especiales. Siempre se ha pensado que las brujas son malas y roban niños y esas cosas. Pero todo eso es falso. Las brujas nunca han hecho daño a nadie, ni se han comido niños, ni hacen nada malo. Ellas son hechiceras con un aspecto algo raro, pero no son más malas que las hadas o los magos. La única diferencia es que las brujas son seres humanos y, como cualquier persona, a vece, se enfadan y…hay de ti si te pillan por medio, puede que te conviertan en un sapo, pero tranquilo, sólo durará un momento.

En el Monte de las Tres Escobas, las brujas iban llegando a la fiesta de Halloween. Todo transcurría con normalidad en un ambiente festivo, con risas, abrazos y  reencuentros de amigas que sólo se veían de año en año. 

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Todas las brujas estaban felices, pues durante el resto del año no podían reunirse. Era demasiado arriesgado salir cualquier otra noche, pero en la noche de Halloween podían pasar desapercibidas por la calles, con sus escobas y sus vestidos de gala, que siempre eran motivo de halagos, y es que todos pensaban que eran magníficos disfraces y querían saber dónde los habían comprado.

En el Monte de las Tres Escobas se sentían seguras y podían disfrutar de una noche especial y mágica. La noche en que las brujas de todo el mundo podían hablar de pócimas, de chismes, de sus gatos y de sus familias en el mundo terrenal.

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventanaLa fiesta de las brujas se preparaba con mucho tiempo de antelación. El banquete lo elaboraban ellas mismas, con recetas secretas que sólo ellas conocían. La decoración era cosa de las más jóvenes, que se esforzaban muchísimo para ganar puntos con sus maestras brujas. Tejían preciosos manteles con hilos dorados y los decoraban con bonitos dibujos de sapos, sombreros y gatos. Compraban velas con olor a canela, tallaban caras en las calabazas y decoraban jarrones con rosas rojas, margaritas y verbenas. Había que limpiar bien CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventanalas vajillas que se guardaban en el monte durante todo el año y que habían pertenecido a las fundadoras de este gran encuentro en el Monte de las Tres Escobas. Y como no podía faltar, para amenizar la velada, un poco de Jazz para el deleite de todas las damas.

– Este año nuestras jóvenes brujas han hecho un gran trabajo. Enhorabuena, nuestro monte está precioso.- dijo la bruja de mayor grado.

Todo parecía transcurrir con normalidad, pero cuando todas estaban preparadas para ocupar sus asientos entró una joven bruja gritando y casi sin aliento.

– ¡Nos han visto! ¡Las he visto! ¡Nos han visto…!

La música se apagó. Todas las brujas se asustaron. Se cogían de las manos y se preguntaban cómo podía haber ocurrido. Ese lugar era totalmente secreto y había sido seleccionado con muchísimo cuidado por su disposición y la imposibilidad de ser vistas. Además, antes del encuentro se mandaban varias brujas vigías para revisar los alrededores del monte.

La bruja más mayor se acercó y pidió que todas se calmasen.

– A ver joven bruja, respira, cálmate ¿Qué has visto exactamente?

– Eran dos niñas, con dos sombreros de bruja.

– ¿Disfrazadas?

– No, llevaban dos sobreros de bruja de verdad, no sé dónde los habrán encontrado, pero los CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventanallevaban, aunque no creo que supiesen lo que llevaban puesto. Creo que me han visto observarlas, pero no estoy segura. Se las veía muy asustadas.

La bruja de mayor rango se reunió con el resto de brujas que formaban el grupo de mayor rango del aquelarre.

– Bien, esto es lo que haremos. ¡Necesito dos brujas voluntarias para infiltrarse de incógnito en la plaza! Es importante saber si alguien más sabe de nuestra presencia.

– Mientras tanto, alguien debe ir a esa casa para hablar con las niñas. Hay que hacerlas ver que no somos una amenaza, que no vamos a hacerlas daño. Tienen que confiar en nosotras y tenemos que recuperar esos gorros, pues mientras los lleven puestos sólo podremos hacerles hechizos básicos, pero no podremos hacer ningún conjuro para modificar sus mentes y eliminar de ellas todo lo que hayan visto.

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventanaProfesoras hechiceras, id preparando el brebaje para que las niñas se lo beban. Deberá llevar alas de murciélago y ojos de sapo, para que todo les parezca un sueño y no pongan en peligro nuestra existencia.

Todas sabemos lo mucho que las personas normales nos temen y ese miedo les hará ira a por nosotras para eliminarnos. No debemos permitir que eso ocurra.

Las brujas de mayor rango se volvieron a reunir y decidieron a quien debían mandar para no asustar a las niñas. Al fin y al cabo, las brujas no querían hacer daño a nadie, pero no podían permitir que se descubriera que estaban allí.

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventana

Por fin, se pusieron de acuerdo y la bruja de mayor rango señaló a Luisa, una pequeña bruja que se había enterado de sus poderes hacía poco más de un año.

Luisa tenía 10 años y había sido su abuela la que le había transmitido ese don, porque la magia hechicera de las brujas sólo se heredaba de abuelas a nietas, siempre saltando una generación.

Muchas niñas habían pasado toda su vida sin saber que eran brujas por no haber conocido a sus abuelas. Incluso había algunas abuelas que no querían que sus nietas supieran que poseían ese don, pues tenían miedo de que algún día alguien lo descubriera y quisiera hacerles daño por el hecho de ser brujas.

Pero ese no era el caso de Luisa, la nieta de la mejor hechicera del aquelarre y una gran discípula de su abuela.

Luisa era una buena niña y una bruja muy inteligente, en sólo un año había pasado de ser novata a ser aprendiz de segundo grado, ¡todo un mérito teniendo en cuenta la dificultad que entrañaba ser hechicera profesional!

Las hechiceras profesionales debían conocer todos y cada uno de los hechizos, incluso los malignos. CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventanaPor eso eran tan especiales, pues tenían una gran responsabilidad como guardianas del conocimiento y no podían revelar las pócimas malignas a nadie. Por supuesto, tampoco podían utilizar esos hechizos, salvo un caso de extrema necesidad.

Clarisa, la abuela de Luisa, se acerco a su nieta y se la llevo para prepararla.

– Luisa, no tengas miedo. Sólo debes hablar con esas niñas y convencerlas de que no somos malas. Toma, guarda esta pócima relajante sólo por si fuera necesario. Recuerda que no queremos hacerles daño, sólo hacerles razonar. Tienes que adivinar de dónde han sacado esos gorros y quién les ha dicho que estamos aquí.

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventana– Lo sé abuela, lo intentaré. Por favor, dejad que venga Maica conmigo. Me da miedo ir sola.

– No Clarisa, Maica no está preparada y aunque es tú mejor amiga, a veces se le dispara la magia y no sabe controlar sus poderes. Es mejor que vayas tú sola.

– Vale abuela.

Mientras Clarisa hablaba con su nieta, Maica escuchaba escondida tras las cortinas. No iba a permitir que su mejor amiga fuese sola a enfrentarse a esas dos niñas.  – Claro que puedo controlar mis poderes – pensó la brujita bastante ofendida por lo que había escuchado.CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventana

Cuando Luisa terminó de prepararse, cogió su escoba y sin que nadie se diese cuenta, tan discreta y sigilosa como siempre, se marchó hacia la casa de Alicia.

Voló casi al ras del suelo, entre la espesura del bosque que separaba la casa de Alicia del Monte de las Tres Escobas. Casi podía sentir el aliento de los lobos a su paso, así que la bruja aceleró su vuelo para dejarlos atrás.

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventanaDe repente, algo la asustó. Alguien la seguía.

– Luisa, soy yo, Maica.- Susurró la joven bruja.

– Maica, debes volver al monte, mi abuela me ha prohibido ir contigo.

– Ya la he oído, pero no pienso dejar que vayas sola. Tranquila, no diré, ni haré nada.

Luisa, siempre había cuidado de Maica, aunque ella pensara que era al revés. Pero sabía que en esta ocasión no podría protegerla, aunque también sabía que no podría quitársela de encima. Maica era muy cabezota. En cualquier caso, Luisa se sentía más segura con la compañía de su mejor amiga.

Las dos brujas llegaron a la casa. Escondieron sus escobas y se aproximaron caminando de puntillas hasta la ventana.

CAPÍTULO III. Las brujas visitan a Alicia y a María.

Mi abuela me contó que al igual que las hadas tienen sus baritas mágicas, las brujas, tienen sus sombreros. No son las escobas las que vuelan, sino que son los sombreros los que otorgan a las brujas su poder especial. Pero no creáis que cualquiera que se ponga un sombrero ya es una bruja, no, no, no. Sólo las brujas de verdad, las que han recibido formación, reciben el poder que los sombreros les otorgan. Seguro que os estáis preguntando ¿cómo es posible que la abuela de María tuviera dos sombreros de bruja guardados en el desván…?

Luisa y Maica se quitaron sus sombreros y los apoyaron en la pared de la vivienda y, sin dejar de tocarlos, pronunciaron las palabras mágicas.

– Dash, dadin, datosh, que el poder del sombrero me lleve a través del muro hasta su interior.

Atravesaron la pared de la casa y se colaron dentro.CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventana

Mientras tanto, en la fiesta de la plaza todo parecía estar bajo control y las brujas que iban de incógnito corrieron a dar la buena noticia al aquelarre de brujas.

– Todo está en orden. Nadie sabía nada y todo el mundo estaba disfrutando de su fiesta.

Pero no todo el mundo disfrutaba de la fiesta, porque en el armario, Alicia y María, esperaban aterradas a que llegasen sus padres; confiaban en que nadie podría entrar en la casa, pues habían cerrado todas las puertas a cal y canto, pero claro, ellas no conocían el poder de las brujas.

– Alicia, ¿no decías que tus padres llegarían en media hora? Yo creo que ya ha pasado más de una hora.

Miraron los relojes y, efectivamente, había pasado una hora.

– Hay Dios mío, estamos perdidas. Nadie nos va a ayudar. Seguro que las brujas han entrado en el pueblo y han atacado a todo el mundo, y todo por nuestra culpa…- dijo María entre susurros para evitar ser descubiertas.

Luisa, que tenía un oído prodigioso, escuchó el susurro de María.CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventana Maica, porque no revisas el garaje y yo subo arriba. Luego nos encontramos aquí. – Dijo Luisa para despistar a su amiga y cumplir así las órdenes de su abuela.

– Vale, pero ten cuidado.

– Lo tendré, ve con los ojos bien abiertos.

La audaz brujita subió sin rozar el suelo, suspendida en su sombrero, para evitar hacer ruido. Era una bruja con grandes capacidades, decían que sería mejor aún que su abuela; había muy pocas como ella.

Entró en la habitación y olfateó a las niñas, pero algo le resulto familiar. El olor no era completamente humano – tal vez sea el olor de los sombreros que llevan puestos – pensó Luisa.

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventanaAntes de abrir la puerta y pegar un susto de muerte a las humanas, Luisa pensó que era mejor echarles el hechizo tranquilizante que le había dado su abuela. Así, escucharían aquello que les tenía que decir sin alterarse y evitaría que gritasen o algo peor.

De nuevo, coloco su sombrero en la puerta del armario y dijo

– Dumo, darima, dedali, que la paz de este hechizo se traslade a los que yo digo.

De pronto, Alicia y María se sintieron increíblemente relajadas, como si nada hubiese pasado. Tanto se habían calmado que decidieron salir del armario para esperar a los padres de Alicia en el sofá, porque allí estarían más cómodas.

Al abrir la puerta del armario, se encontraron con Luisa, pero ni siquiera eso las alteró.

– Hola, soy Luisa, no voy a haceros daño. Sólo quiero hablar con vosotras. Necesito saber cómo habéis descubierto nuestro escondite.

Alicia señaló la ventana y Luisa lo entendió todo. La casa no estaba allí cuando la anciana bruja encontró el Monte de las Tres Escobas y además, era imposible ver la casa entre los árboles del bosque, pues ellas siempre volaban por la ladera opuesta a la plaza del pueblo, para evitar ser vistas por los habitantes.

Aún así, a Luisa le resultó muy extraño que ninguna bruja se hubiera dando cuenta de la existencia de esa preciosa casa, porque cada año, mandaban a brujas camufladas, antes de la fiesta de Halloween, para controlar la evolución de las viviendas nuevas ¿Cómo había podido pasárseles por alto esta casa por muy escondida que estuviera?

Luisa conocía bien los conjuros y sabía que podrían haber evitado ser vistas con un simple conjuro de protección visual, mediante el cual se habría puesto un muro protector a la vista de los humanos frente a la ventana de la niña, de tal modo que ella seguiría viendo el bosque en un destello de ilusión visual. Era sencillo y habría evitado que Alicia hubiera visto el vuelo de las brujas.

Las dos amigas se sentaron sobre la cama. Estaban tan calmadas y a la vez tan agotadas de los nervios que habían pasado en el armario, que casi se quedaron dormidas.

Pero entró en la habitación Maica, ruidosa, como siempre.

– No hagas tanto ruido Maica, les he echado un hechizo relajante. Quiero hablar con ellas mientras están calmadas.

Maica se retiró para dejar que Luisa hiciera su trabajo. Sólo quería protegerla, así que no la debía interrumpir salvo que fuese necesario.

– ¿Por qué lleváis esos sombreros de bruja? ¿dónde los habéis encontrado?

María le explico a Luisa la historia de los sombreros.

A Luisa le pareció una historia muy graciosa y pensó que parecían dos chicas muy simpáticas. Estaba segura de que en otras circunstancias habrían sido grandes amigas.CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventana

– ¿Y por qué nos estabais observando? Parecía como si supierais que íbamos a llegar.

Alicia, le narró cómo su enfermedad hizo que aquella noche, hace años, se quedase en casa y pudiese verlas tras la ventana.

Todo era muy raro, Luisa no paraba de preguntarse cómo se les podía haber pasado la casa a las brujas camufladas.

Entonces cayó en la cuenta. Una vez, su abuela le habló de dos amigas, dos brujas, que vivían en ese mismo pueblo. Su abuela no le quiso explicar porqué dejaron el grupo de brujas, pero todos contaban, que al finalizar su formación en el campo de la hechicería no volvieron a asistir a ninguna reunión y nunca más se supo de ellas. – Tal vez, la abuela de María sea una de esas brujas y tuviera guardados los sombreros para que su nieta no los encontrara – pensó Luisa.

– ¿Cómo se llama tu abuela?

– Alexia. – Contestó María en un tono menos relajado.

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventana

El hechizo se estaba acabando, pero las dos amigas ya no sentían miedo, al contrario, estaban intrigadas y tranquilas, pues Luisa les transmitía confianza, seguridad. Estaba claro que aquella joven bruja no estaba allí para hacerlas daño.

– Mi madre, mi padre, mi hermano y yo, vinimos a vivir aquí cuando mi padre perdió su trabajo.- continuó relatando María – Mi abuela nos acogió a los cuatro. Es una buena mujer, ¡la mejor! Y desde que llegamos aquí todo nos ha salido bien. – prosiguió María.

– Claro, ¡Alexia!, leí algo sobre ella. Hay un conjuro que ella creo. Fue una de las mejores brujas novatas de los últimos tiempos. Todos se quedaron sorprendidos de que no siguiera su formación. Puede que….claro, Alexia es una de las dos brujas de las que me habló mi abuela. Pero ¿por qué una bruja con tanto talento dejaría el grupo?

– ¿Mi abuela? – tartamudeo María.

– ¿Su abuela? – repitió Alicia.

– Los sombreros de bruja que lleváis no son un disfraz. Son sombreros de brujas reales. Tienen un gran poder y llevarlos puestos conlleva una gran responsabilidad. María, tú eres la nieta de una bruja y eso, por si no lo sabías, te convierte irremediablemente en bruja, pues este don se transmite de abuelas a nietas.

– ¡Hay mi madre! Alicia, soy una bruja.- dijo María totalmente abrumada – Pero yo…, si mi abuela no me dijo…, maldita curiosidad y malditos sombreros.

– No tengas miedo. Sólo si tú quieres podrás aprender a controlar tu poder. Las brujas tienen un don, pero para poder utilizar sus poderes necesitan formarse. Nosotras somos humanas normales y corrientes, pero elegimos desarrollar nuestros poderes. Sólo tú puedes elegir. María, ¿te importaría llevarnos a la casa de tú abuela? Es importante saber qué es lo que está pasando. La existencia de esta casa pudo habernos puesto en serio peligro. De hecho, aún lo estamos, pues si vosotras reveláis nuestro secreto, la gente se volverá loca y vendrán a por nosotras. Os ruego que confiéis en mí y no contéis nada a nadie. Necesito que me ayudéis a aclarar todo lo que está ocurriendo.

A las personas les da miedo lo que no pueden controlar y de eso, las brujas, sabemos mucho.

Pero sigo sin entender cómo se nos pudo pasar esta casa.

Alicia se levantó, sorprendida y asustada, pero confiada de que nada les iba a suceder.

– Confiad en nosotras. No vamos a decir nada.- dijo Alicia decidida a ayudar a resolver este misterio. – Pero, si queréis pasar desapercibidas, será mejor que os quitéis esa pintura de la cara…asusta un poco y nadie creerá que yo vaya en compañía de niñas disfrazadas. ¡Tengo fama de rara por decir que he visto brujas, ya veis!CUENTOS DE BRUJAS - Veo brujas por mi ventana

Las cuatro niñas se rieron, pues era una situación extraña, pero por algún motivo se sentían cómodas y entendían perfectamente eso de sentirse distintas al resto de amigas. Por brujas, por creer en ellas o por lo que fuera, las cuatro chicas habían sido excluidas en muchas ocasiones y en una hora que habían pasado juntas, se habían sentido más a gusto que nunca.

CAPÍTULO 4. Alicia descubre la verdad.

La primera lección que deben aprender las brujas es que no pueden usar la magia en beneficio propio, ni pueden evitar enfermedades de seres queridos. No deben ponerse trabas al destino. Esto era lo que las brujas creían, pero la valentía de dos jóvenes y la destreza de una gran hechicera,  hicieron que todo esto cambiase. ¡Hasta las brujas tienen que adaptarse a los cambios!

Fue fácil vestir a las dos brujas. Las cuatro niñas tenían la misma edad, así que la ropa no fue ningún problema. La pintura de la cara desapareció inmediatamente. Resulta que el color verde de sus caras no era más que un hechizo que desaparecía al lavarse la cara con agua templada.

Las cuatro salieron de la casa de Alicia, procurando que nadie las viera. No querían despertar sospechas, ni cotilleos sobre las dos desconocidas.CUENTOS DE BRUJAS - Veo brujas por mi ventana

Se dirigieron a la casa de la abuela de María, atravesando las callejuelas del pueblo, para evitar pasar por la plaza, donde todavía seguían todos celebrando la noche de Halloween.

Cuando llegaron a la casa, María, decidió entrar primero para ver si su familia ya había vuelto de la fiesta. Sabía que la abuela estaba dormida, pues a ella no le gustaban los tumultos. Quería ser ella misma la que la despertase, pues no andaba muy bien de salud y no le convenían los sobresaltos.

La casa estaba en silencio, nadie había regresado.

– Entrad con sigilo y esperadme en el desván. – dijo María.

María subió a buscar a su abuela. Suavemente le acarició la cara y la susurró al oído – abuelita, despierta, soy María, necesito hablar contigo. –

CUENTOS DE BRUJAS - Veo brujas por mi ventanaLa abuela abrió los ojos, sonrió y con absoluta tranquilidad le dijo – Has encontrado los sombreros; sabía que sucedería, era cuestión de tiempo.-

María estaba sorprendida. De repente su abuela había pasado de ser una dulce anciana, a conocer los secretos de brujería mejor guardados. ¡Era una locura!

Alexia cogió a su nieta de la mano y juntas se dirigieron al desván, donde estaban las demás niñas.

En cuanto la abuela vio a Luisa y a Maica supo que eran dos jóvenes brujas.

– ¿Cómo habéis encontrado a mi nieta y a su amiga? No tenéis derecho a decirles nada. La tradición dice que sólo las abuelas puede transmitir el don a sus nietas, si es que ellas quieren y yo decidí que mi nieta tendría una vida normal. ¡Dejadnos en paz!

– Pero Alexia, nosotras no las hemos encontrado. Fueron ellas las que descubrieron nuestra existencia.

– Es imposible, ¿cómo pudieron veros? ¿qué pasa con el conjuro para evitar ser vistas?

– Pues eso mismo es lo que queremos averiguar. No es posible que las brujas vigías no vieran la casa de Alicia y su ventana. Algo debió salir mal. Ellas nunca debieron vernos.

Alexia se sentó en un viejo sofá que estaba cubierto por una sábana aún más vieja. Entonces la abuela suspiró – seguro que fue ella, debió descubrir mi hechizo y antes de morir lo preparó todo. ¡Ella siempre quiso demostrar al resto de brujas que se equivocaban, que las tradiciones no eran tan buenas, que algunas personas sí eran de confianza!-

– ¿A quién te refieres Alexia? – preguntó Alicia intrigada.CUENTOS DE BRUJAS - Veo brujas por mi ventana

– A tu abuela Nicoleta.  Ella fue la mejor amiga que he tenido y la bruja más cabezota que jamás haya existido.

Alicia no podía creer lo que estaba escuchando. Parecía como si todo lo que conocían, el pueblo, la gente, la tranquilidad en la que aparentemente vivían, hubiese sido una farsa.

– ¿Qué es exactamente lo que su amiga quiso demostrar? – preguntó Luisa intentado aclarar la situación.

– Nicol y yo fuimos amigas desde que tengo uso de razón. Todo lo hacíamos juntas. Nuestras abuelas nos unieron al nacer, pues querían que ambas nos protegiéramos de las dificultades que nos podía acarrear el haber nacido brujas.

Crecimos juntas y nos enfrentamos a todo juntas. Incluso nos comunicaron nuestra condición de brujas a las dos juntas. Estudiábamos hechizos y matemáticas al mismo tiempo. Nuestras vidas siempre fueron paralelas.

CUENTOS DE BRUJAS - Veo brujas por mi ventana

Un día, llego al pueblo una niña nueva con su familia. Habían venido de la ciudad porque los médicos la habían recomendado un aire más puro. Sofía tenía una enfermedad muy rara y no sabían si algún día encontrarían la cura.

Nos hicimos sus amigas. Nosotras la llevábamos a todos los sitios y empujábamos su silla de ruedas para que no se perdiera ningún momento divertido. Sofía era la niña más dulce del planeta.

Sus padres siempre nos mostraban su gratitud por cuidar a su hija y  por hacerla  tan feliz, pero sus rostros mostraban la pena de unos padres que no sabían si su hija podría salvar su vida.

¡Se nos rompía el corazón!

Un día, en una de mis clases de conjuros y hechizos, nos pidieron que elaborásemos un conjuro propio, algo nunca inventado. Casi nadie lo había conseguido y al final todas las alumnas acababan plagiando algún conjuro que ya existía. Pero yo estaba totalmente dispuesta a encontrar algo que pudiera salvar la vida de nuestra amiga.

Tardé tres meses en conseguir mi poción…de hecho casi me suspenden… ¡qué tiempos!

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventana

Pero lo conseguí.  Encontré una forma de ayudar a nuestra amiga. El conjuro del buen destino, así lo llame. Era simple;  todo aquello que fuera bueno para las personas a las que amábamos, debería guiarse por el buen camino, es decir, que la enfermedad de nuestra amiga sería revocada, pues al ser una buena persona, el destino la guiaría por un camino de felicidad. Eso suponía que la enfermedad de Sofía desaparecería y ante ella aparecería un futuro precioso, el que ella y su familia merecían.

Mi profesora se reunió con las brujas de mayor rango y me exigieron que borrase de mi mente esa pócima.

Según la tradición de las brujas, no debemos interferir en el destino y mucho menos si eso implica que alguien pueda descubrir nuestra magia.

Todas las brujas tienen muy presente que la humanidad no está preparada para aceptarnos. Ya fuimos perseguidas en otras épocas y no estaban dispuestas a permitir otra cacería de brujas.

¡Nicol y yo nos saltamos esas normas!

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventanaPara poder ayudar a nuestra amiga teníamos que explicarle quienes éramos, pues el conjuro sólo serviría si ella lo aceptaba y nos veía trabajar como brujas.

Eso suponía poner en peligro a todas las brujas del mundo. Si Sofía se curaba y decidía descubrir nuestra existencia ante el resto de humanos, podría volver a desencadenarse el pánico hacia las brujas y seríamos perseguidas como lo fuimos siglos atrás.

Pero nosotras estábamos seguras de la bondad de nuestra amiga y nos saltamos todas las prohibiciones.

Una tarde, nos sentamos con Sofía y le explicamos lo que queríamos hacer…y lo hicimos, y ¿sabéis qué? Pues que Sofía jamás dijo nada a nadie. Sencillamente un día su salud comenzó a mejorar, caminaba, reía y sus padres recuperaron la alegría.

Un día su padre recibió una buena oferta de trabajo en la ciudad y Sofía se marchó. Pero nos juró lealtad y amistad eterna, y lo cumplió.

Os podéis imaginar lo que sucedió después. Las brujas nos llamaron a parlamentar y por supuesto nos prohibieron ejercer la magia para el resto de nuestras vidas. Tampoco podíamos transmitir nuestro don a nuestras nietas y en un abrir y cerrar de ojos fuimos desterradas del mundo de las brujas.

Al final, el miedo a ser descubiertas, les hizo actuar como lo habían hecho con ellas, nos rechazaron.

Pero no nos importó, porque sabíamos que habíamos hecho lo correcto.

Continuamos nuestras vidas  lo mejor que pudimos, pero Nicol no podía dejar de lado el rechazo que nos habían hecho.

¿Sabéis porque no había muro de protección visual en la ventana de Alicia?

– Pues no, no debería haber ocurrido. – contestó Luisa totalmente inmersa en la historia.

– Nicol murió  ya hace 9 años. Desde entonces tanto a mi familia, como a la familia de Alicia nos han sucedido un montón de hechos que nos han llevado a una inmensa felicidad, aunque a veces el camino no haya sido fácil, como la pérdida de empleo de tú padre. – indicó Alexia, señalando a su nieta.

Estoy segura, de que Nicol me robo el manuscrito del conjuro del buen destino y lo aplico a nuestras nietas. Al ser sólo unos bebés, no podían decidir, por lo que el conjuro que era todo bondad podría ser aplicado directamente a ambas, pues estaba preparado para hacer el bien en los demás. La pureza de los niños les hace reconocer perfectamente el bien y el mal.

Las brujas vigías seguramente se despistaron, como consecuencia de la fuerza ejercida por el conjuro y por eso no vieron la casa y no pudieron prevenir que Alicia viese el vuelo de las brujas.

Nicol quería que nuestras nietas pudieran elegir si ser personas normales o disfrutar de todo lo que les podía ofrecer la brujería.

– Es increíble. Ustedes dos han sido las mejores brujas que jamás haya conocido y estaban ocultas. – dijo Luisa totalmente desorientada.

– Luisa, debemos volver, si las brujas se enteran de todo lo que ha pasado, no meteremos en un gran lío.- dijo Maica con cierta preocupación.

– Pero no podemos seguir escondiendo esta preciosa historia. Las brujas deben saber que el conjuro funciona y que podemos hacer el bien sin ser perseguidas por ello.

Alexia no pudo acompañar a las cuatro niñas, pero les dio el manuscrito para mostrar que su historia era real y así sus nietas estarían protegidas, pues podrían demostrar que no eran intrusas, sino brujas que no habían sido correctamente presentadas al aquelarre.

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventana

En el Monte de las Tres Escobas, todas las brujas esperaban impacientes el regreso de Luisa. Lo queno se esperaban es que llegase tan bien acompañada.

Las jóvenes explicaron ante las brujas de mayor rango todo lo que habían descubierto y entregaron a la abuela de Luisa el manuscrito, quien actuó como guardiana del gran hechizo que Alexia había creado.

Pasó mucho tiempo hasta que todas las brujas se pusieron de acuerdo en modificar algunas de sus tradiciones. Pero al fin consiguieron acceder a utilizar el conjuro de Alexia para casos extraordinarios. Entendieron que su magia no podía esconderse sin más, sino que debían intentar ayudar a aquellos que más lo necesitasen.

Alicia y María fueron admitidas para participar en la formación de brujas novatas, y resultaron ser tan buenas alumnas como sus abuelas.

El mundo de las brujas cambió y aunque en el mundo terrenal no se notó, el conjuro de Alexia hizo que un poco más de alegría e ilusión llegara a los hogares de aquellos que más lo merecían.

Ya sabéis, amigos, en la noche de Halloween, abrid bien los ojos y puede que veáis alguna bruja volar a su fiesta en el Monte de las Tres Escobas. ¿Quién sabe lo que puede pasar en una noche tan mágica y especial?

CUENTOS DE BRUJAS. Veo brujas por mi ventana

                   FELIZ HALLOWEEN                          

Autora: Beatriz de las Heras García

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