¿Dónde está mi princesa?

 

un cuento de princesas

UN CUENTO DE PRINCESAS

Un cuento de princesas para que aprendáis que no existe una princesa perfecta. Nunca os dejéis fascinar por la perfección de las princesas de las películas, porque sólo son dibujos… ¿quieres saber cómo encontrar tu princesa? 

Si te gustan los cuentos con valores seguro que disfrutarás leyendo María aprende a ser feliz.


UN CUENTO DE PRINCESAS – ¿Dónde está mi princesa?

Terminó la película y todas las niñas querían parecerse a la preciosa princesa que había enamorado al príncipe…Todas menos Carlota.

Ella salió cabizbaja de clase, sin ganas de hablar con nadie. Su profesora que se dio cuenta de la tristeza de Carlota, se acercó a ella y, agachándose para poder hablar a la misma altura que su alumna, le dijo: -¿Qué te pasa Carlota?-

La pequeña se encogió de hombros. Estaba claro que no tenía ganas de hablar.

Pero su profe insistió – ¿no te ha gustado la película?-.

– Bueno- dijo Carlota – no ha estado mal, pero…- la pequeña guardó silencio.

– Pero… ¿no quieres contarme qué te tiene tan preocupada?

– La verdad es que no me gustan las películas de princesas.

Me da mucha envidia lo guapas que son y los vestidos que tienen y todas mis compañeras tienen el pelo largo y son muy guapas, pero yo no soy guapa.

– ¿Cómo que no eres guapa? Carlota tú eres preciosa, lista y bondadosa. No deberías compararte con los dibujos de las películas.

– Ya, pero a todo el mundo le gustan esas cosas…ya sabes….las cosas bonitas…

– Bueno, a mí me gustas tú, así que debes ser muy bonita.

Carlota esbozó una sonrisa, aunque fue sólo por unos minutos.

– Verás Carlota – dijo la profesora – las películas no muestran la realidad, sólo una imagen de lo que es hermoso. Sin embargo, en la vida real, las princesas no son tan perfectas como vemos en las películas.

– Las princesas de verdad son hermosas porque llevan su belleza dentro. Eso que tú ves como algo bello, yo lo veo en ti. Tu rostro es dulce y tu pelo fuerte, al igual que tu corazón.

– Pero nunca llegaré a ser tan hermosa como las princesas de las películas.

– Yo tampoco, ni ninguna de las personas que nos rodean. Esas princesas son sólo dibujos. ¿A ti tu madre te parece guapa?

– Claro, la más guapa del mundo…- dijo Carlota sin entender muy bien a qué venía esa pregunta.

– ¿Y tú mamá se parece a alguna de las princesas de los dibujos?

– Pues no, pero es muy buena y me quiere mucho y yo la quiero muchísimo.

– ¡Lo ves!- aclaró la profesora-. Las personas no son como en las películas. Las personas son bellas por algún motivo, por algo que las distingue del resto. Tú dices que tú madre es bella por el amor que te da, pues esa es su princesa interior, la que tú ves.

– Pero señorita, yo no sé dónde está mi princesa.

– Cierra los ojos y deja de pensar en lo que es bonito o feo. Ahora, piensa en cómo son tus sentimientos hacia los demás. Piensa también en cómo te esfuerzas para sacar buenas notas. Piensa en cómo tus amigas siempre te piden consejo y disfrutan jugando contigo. ¿Ya lo tienes? ¿Está todo en tu mente?

Pues sin abrir los ojos dime, ¿cómo te ves?

– Me veo bondadosa, porque me gusta ayudar a los demás. Divertida, porque me encanta reír con mis amigas. Inteligente, porque me encanta estudiar y sentirme orgullosa de mis notas. Me veo con mis amigas…

– Abre los ojos…¿En algún momento has pensado en tu pelo, o esos vestidos de princesa?

– No – dijo la pequeña.

– ¿Y te has sentido bien? ¿te veías feliz?

– Claro.

– Pues esa es tu princesa, Carlota, la que te hace especial para los demás y para ti misma. La que te hace sentir feliz.- dijo la profesora con total seguridad.

Carlota respiró como si le hubieran quitado un gran peso de encima, porque siempre había pensado que la belleza era lo que se veía por fuera, como en las películas.

Desde aquel día, nunca más sintió que las princesas fuesen mejores que ella por tener largas melenas y sonrisas perfectas. Al contrario, Carlota sabía que ella tenía una princesa mucho más especial que todos esos dibujos. Esa que hacía que se sintiese feliz y que todos a su alrededor la quisieran, su princesa interior.

 

Y tú ¿sabes dónde está tu princesa? Pues cierra los ojos y seguro que la encontrarás.

FIN

Autora: Beatriz de las Heras García

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