Tolerancia a la frustración en niños

Tolerancia a la frustración en niños

TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN EN NIÑOS

LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN EN NIÑOS. “El éxito es la habilidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”, Winston Churchill.

Esta frase es la mejor explicación de lo que supone la tolerancia a la frustración.


LA FRUSTRACIÓN EN NIÑOS.

No voy a entrar en un debate sobre cómo educamos a nuestros hijos hoy en día. No quiero juzgar a aquellos padres y madres que se esfuerzan por hacer la vida de sus pequeños más sencilla y feliz.

Pero si estas leyendo esto es porque crees que tu hijo o hija tiene cierta dificultad para aceptar la frustración. Con esto no solo me refiero al fracaso, sino a situaciones cotidianas como ser capaz de dejar de jugar porque el tiempo de juego ha terminado y ahora toca hacer otras cosas, como ducharse o cenar. Estoy segura de que sabéis a lo que me refiero.

Pues bien, la tolerancia a la frustración en niños se puede y se debe trabajar desde que nuestros hijos son pequeños, pero también podemos hacerlo cuando son jóvenes, e incluso nosotros, los adultos, deberíamos hacer ejercicios para tolerar mejor nuestra frustración.

El momento en que no somos capaces de satisfacer un deseo concreto es en el que entra en juego la frustración. Por su parte, la frustración nos hará sentir tristes y decepcionados por no haber alcanzado los objetivos que nos habíamos propuesto.

Hasta aquí todo es normal. Es decir, todos tenemos derecho a sentirnos tristes y decepcionados cuando algo no sale cómo esperábamos. El problema llega cuando esta decepción se convierte en ira, ansiedad o agresividad contra aquellos que considero que no me han permitido alcanzar mis sueños.

Os voy a poner dos ejemplos sencillos con dos edades distintas:

Ejemplo 1.

El niño pequeño (2 años) que quiere coger un elemento punzante para jugar. Cuando mamá o papá le dicen que no puede cogerlo, el pequeño se echa a llorar, grita, pega a sus progenitores e incluso se pone a patalear tirado en el suelo.

Ejemplo 2.

La joven (11 años) que quiere jugar con la consola pues sus padres le habían dicho que cuando terminase sus tareas podría jugar. Sin embargo, la joven no ha terminado las tareas a tiempo, por lo que ya sólo puede ducharse, cenar e irse a la cama, ya que al día siguiente debe madrugar. La muchacha se enfurece, pues es incapaz de entender que la parte del trato que ella tenía que cumplir incluía terminar las tareas a tiempo. Sus padres le explican que ya es tarde, pero ella insiste en su posición desafiante, gritando e insultando a sus padres. Su frustración hace que culpe a sus padres, en lugar de entender que ella debía haber trabajado más rápido para conseguir disponer de tiempo libre.

Fijaos que el texto del ejemplo 1 es mucho más corto que el del ejemplo 2. Esto no es coincidencia. Sucede que a medida que los niños o niñas se hacen mayores, es más difícil trabajar la tolerancia a la frustración. Pero no os desilusionéis, difícil es bien distinto a imposible.

1- La tolerancia a la frustración en niños empieza en los padres. Si quieres que tus hijos toleren mejor las situaciones adversas, debes dar ejemplo.

  • Evita los gritos cuando algo no salga como esperabas (un vaso que se rompe, algo que mancha tu ropa, pequeños enfrentamientos entre la pareja, etc.)
  • Reacciona con serenidad ante situaciones estresantes o incómodas (enfrentamientos entre adultos, cuando viajas en coche, etc.)
  • Se sincero con ellos. Muestrales que tú también cometes errores, que sabes disculparte cuando te equivocas y que se puede seguir adelante, aún cuando las cosas no nos salen bien.
  • Muéstrales como trabajar en equipo. Esforzarse por el bien del grupo y no querer ser el héroe. La empatía y el trabajo colaborativo también los ayudarán en este aspecto.

2- Cuando aún son pequeños (hasta los 6 años)

  • El error está permitido. Este es uno de los aspectos fundamentales que hay que trabajar desde que son pequeños. Si entendemos el error como un proceso natural hacia el aprendizaje y el éxito, estaremos criando niños y niñas más tolerantes a las adversidades.
  • Cuando los peques se enfadan porque no consiguen aquello que quieren, debemos acompañar su momento de tristeza. Un abrazo, agacharnos para estar a su altura, cogerlos en brazos para que se sientan tranquilos. Cuando se calmen les explicaremos que no pueden conseguir “x”, pero que eso no es motivo para gritar o pegar.
  • Enseñarles a pedir perdón cuando hagan sentir mal a otras personas, reconocer el error. Entender que se han equivocado y que pueden tener más oportunidades de que se arreglen las cosas, si se disculpan.
  • Valorar tanto lo que hacen bien, como el esfuerzo puesto en lo que les ha salido mal.
  • El trabajo colaborativo: jugar en parque y compartir, construir un castillo entre varios niños, etc. Los juegos de grupo les mostrarán la importancia del esfuerzo grupal. Algo que los ayudará a reducir obsesiones futuras por la competitividad y el éxito individual.
  • Déjalos que esperen. Saber esperar y saber terminar son actos fundamentales para mejorar nuestra tolerancia a la frustración. Si te han pedido que cambies de canal y tú estas haciendo otra cosa, deberán esperar sin gritos, ni berrinches, de lo contrario no habrá televisión y no conseguirán su objetivo.
  • No les evites los problemas o los retos. Déjalos que tomen decisiones erróneas o que se caigan intentando subir un montículo. Puedes estar pendiente para evitar accidentes, pero déjalos que continúen esforzándose tantas veces como necesiten para alcanzar la cima por ellos mismos.

3- Tolerancia a la frustración en niños y jóvenes (a partir de los 7 años)

  • Hay que reducir la competitividad. Suele ocurrir que, si nos centramos en evitar el fracaso (ser los mejores) en los estudios, se reduce el compromiso que deberíamos poner en la tarea a realizar. Es decir, si el objetivo es ganar a toda costa, dejamos de lado el aprendizaje como meta fundamental.
  • Debemos eliminar el uso de palabras como fracaso, inútil, etc. Valorar el esfuerzo es tan importante como premiar los éxitos.
  • En ocasiones, los niños y jóvenes evitan realizar determinadas tareas (estudiar, hacer una exposición, etc.) por miedo a no estar a la altura de las expectativas, es decir, por miedo a fracasar. Por ello, es fundamental que sientan nuestro apoyo y motivación.

Puede ocurrir que algunos jóvenes se muestren agresivos a la hora de realizar sus tareas. Un ambiente de ira y malestar quitará importancia al hecho de que no quieran realizar sus tareas. Con ello evitarán hacer su trabajo y la frustración que podrían sufrir en caso de no dar la talla.

No entres en discusiones de este tipo. Espera a que se calme y dialoga con él o ella.

  • Marca objetivos sencillos al principio para que se sienta motivado. Valora el esfuerzo y prémialo.
  • Dale ejemplos de personas que fracasaron muchas veces antes de conseguir su objetivo: Thomas Edison, Paul Ehrlich.

Son muchos los consejos que os hemos dado y ahora mismo estaréis pensando en lo difícil que es hacer todo esto en casa, cuando estamos tensos, o cuando nuestros hijos no nos hacen caso.

Pero si algo hemos aprendido sobre la frustración es  no desistir de nuestro objetivo, ¿verdad?

Así que, ¡inténtalo cada día! Algunas veces lo conseguirás y otras no, pero solo si lo intentas a diario, triunfarás.

Os recomendamos una actividad para trabajar la Tolerancia a la frustración en niños de infantil y primaria: La liebre y la tortuga

Autora: Beatriz de las Heras García

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